EL PSICOANÁLISIS DE FREUD A LACAN. CONFESIONES. *

La verdad, en este sentido, es lo que corre tras la verdad -y hacia allá corro yo, hacia allá los llevo yo, como los perros de Acteón, a mi zaga. Cuando haya encontrado la guarida de la diosa, seguramente me convertiré en ciervo, y ustedes podrán devorarme, pero todavía queda algún trecho que recorrer.
Lacan

¿Qué es ser analista? ¿Por qué uno desea serlo?

Se me ocurre que no es una elección que uno elija. Y cabría aquí una pregunta, ¿acaso hay una que lo sea? Aceptemos que, para cualquiera de nosotros, seres humanos, somos elegidos, no creo que el sepulturero pueda decir que eligió.

Pero por qué ¿psicoanalista?

Como se colige por las preguntas, las respuestas tendrán que ser propias, de ahí mi subtítulo: Confesiones.

¡Ese tipo piensa como yo! Una arrogancia que se me ocurrió cuando empecé a escuchar a Lacan, haciendo la salvedad de que entendía casi nada, pero era una intuición, algo a seguir y la alegría de un reto porque detrás de mí imposibilidad para captar, -y aún, todavía- sé que en ese decir hay algo más. Como cuando en el seminario once, el de Los cuatro Conceptos Fundamentales, el primero que llegó a mis manos y leí con fruición, más por el desafío que me imponía el no entender y por la terquedad que me caracteriza. Encontré lo siguiente:

La historia es real, data de mis veinte años […]Un día estaba en una barca con unas personas, miembros de una familia de pescadores de un pequeño puerto […] esperábamos el momento de retirar las redes, el denominado Juanito, así lo llamaban […] me enseñó algo que flotaba en la superficie de las olas.  Se trataba de una lata, e incluso, precisemos, una lata de sardinas.  Flotaba allí bajo el sol […]Resplandecía bajo el sol.  Y Juanito me dijo: ¿ves esa lata? ¿La ves? Pues bien, ¡ella, ella no te ve! El encontraba ese episodio muy gracioso, yo, menos.

Una anécdota con la que hila la siguiente reflexión:

Tomo aquí la estructura al nivel del sujeto […]No soy simplemente ese ser  puntiforme que se localiza en el punto geometral desde donde es captado. El cuadro, desde luego, está en mi ojo […]Pero estoy en el cuadro. Lo que es luz me mira, y gracias a esa luz en el fondo de mi ojo, algo se pinta, que no es simplemente la relación construida[…] sino impresión, destellos de una superficie que no está situada por mí, de antemano, en su distancia[…] Es ella más bien la que me capta, la que me solicita a cada instante, y convierte el paisaje en algo distinto de una perspectiva, en algo distinto de lo que he llamado el cuadro. (Lacan J. , 1989, pág. 37)

¿Podríamos explicar así nuestras elecciones? ¿Es la sepultura que mira al sepulturero?

Y así Lacan me fue seduciendo, encantando, desesperando. Con sus frases enigmáticas, sus espejos, sus esquemas, sus grafos, sus toros y botellas. Pero afortunadamente estaba Freud y con él Ana O, Emmy de N, Isabel de R, Catalina, Cecilia, Dora, nombres de mujeres y su dolor. Un Freud a quien Lacan siempre alienta a leer para seguir construyendo con él todo ese aparato conceptual que a partir de 1932 y más tarde, 1953, dejará su rastro en sus seminarios y Escritos.

Año 1895 el de Freud y sus mujeres, en el que ya les decía que adelantábamos mucho si conseguimos transformar su miseria histérica en simple infelicidad. (Freud, Folio/Views) Una forma de bajarnos de la fantasía de creer que era la panacea para algunos que, como yo, y seguramente como muchos, se acercan al psicoanálisis porque sufren y porque se preguntan, y que ya no se distingue si se sufre porque se preguntan o se preguntan porque sufren.

Simple infelicidad dice Freud, Lacan nos habla de la estafa, y se interroga en 1977 en su Lo no sabido que sabe de la una equivocación se ampara en la morra, el llamado seminario 24, donde pone en bretes no sólo a los traductores con este galimatías de palabras, que entiendo como una forma de mostrar aquello de lo que se habla, la estafa a la que nos vemos enfrentados día a día, esos significantes que pueden significar cualquier cosa. Dice:

¿…A dónde se han ido las histéricas de antaño, esas maravillosas mujeres, las Anna O., las Emmy von N…?… Es por haberlas escuchado que Freud inauguró un modo enteramente nuevo de la relación humana… ¿No se ha desplazado la histeria en el campo social? ¿No la habrá remplazado la chifladura psicoanalítica? El inconsciente se origina del hecho de que la histérica no sabe lo que dice, cuando dice perfectamente algo por las palabras que le faltan. El inconsciente es un sedimento de lenguaje. (Lacan J. , 2008, pág. 208)

Estafa, dice Lacan, y lo explica por la dificultad para hacer pasar la categoría de lo real y la evacuación del sentido y la dificultad de nosotros, se refiere al analista, como interpretantes. De ahí su interés en las matemáticas, en sus nudos y la topología, creo que, para Lacan, más que querer hacer entrar al psicoanálisis en la ciencia, su interés por estos temas era una forma de darle cuerpo a esa imposibilidad de nuestra práctica, que, además, es la de la vida, lo que el psicoanálisis encara.

Porque, cómo sostener una práctica en la cual, al pasar al consciente, para hablar en los términos de Freud, ¿lo inconsciente desaparece? ¿Cómo atrapar aquello que se dijo? Cómo decir lo que se hizo, o, ¿lo que hizo ese sedimento del lenguaje?

Freud no tenía sino pocas ideas sobre lo que era el inconsciente, pero me parece, que al leerlo, se puede deducir que pensaba que era unos efectos de significante. (Lacan J. , 2008, pág. 69)

Lacan insiste en esto a cada paso. Y quien lo negaría si mínimamente ha leído El chiste y su relación con el inconsciente, La interpretación de los sueños o Psicopatología de la vida cotidiana, en la que encontramos este ejemplo de Freud sobre un joven recién casado:

 «Después de una noche en la que él había quebrantado de nuevo la abstinencia deseada por su mujer, se puso por la mañana a afeitarse en la alcoba común y, como ya lo había hecho otras veces por razones de comodidad, usó para empolvarse la cara una borla de polvos que su mujer tenía encima de la mesa de noche. La esposa, muy cuidadosa de su cutis, le había dicho varias veces que no usara dicha borla, y, enfadada por la nueva desobediencia, exclamó desde el lecho, en que aún se hallaba reposando: « ¡Ya estás otra vez echándome polvos con tu borla!» La risa de su marido le hizo darse cuenta de su equivocación. Había querido decir: «¡Ya estás otra vez echándote polvos con mi borla!», y sus carcajadas acompañaron a las del marido. (Freud, Folio/Views)

¿Es ese el significante al que se refiere Lacan? que, al moverse, por efectos de la metáfora o la metonimia, ¿hace que la significación sea otra?

Seguramente sí, pero más allá de ese movimiento que Freud insiste en mostrar como desplazamiento y condensación, desbordándose en ejemplos, con Lacan sabemos que no se trata solo de eso, y vuelve a Freud para mostrarnos ese eso.  Y va a convertir un pequeño ejemplo de Más allá del principio del placer en el famoso Fort/da.

Freud lo dice así:

El niño tenía un carretel de madera atado con un piolín. […] con gran destreza arrojaba el carretel, al que sostenía por el piolín, tras la baranda de su cunita con mosquitero; el carretel desaparecía ahí dentro, el niño pronunciaba su significativo «o-o-o-o», y después, tirando del piolín, volvía a sacar el carretel de la cuna, saludando ahora su aparición con un amistoso «Da» (acá está}. Ese era, pues, el juego completo, el de desaparecer y volver. Las más de las veces sólo se habían podido ver el primer acto, repetido por sí solo incansablemente en calidad de juego, aunque el mayor placer, sin ninguna duda, correspondía al segundo. (Freud, Folio/Views)

Ahora oigamos a Lacan en La carta robada:

Ese juego mediante el cual el niño se ejercita en hacer desaparecer de su vista, para volver a traerlo a ella, luego obliterarlo de nuevo, un objeto, por lo demás indiferente en cuanto a su naturaleza, a la vez que modula esa alternancia con sílabas distintivas -ese juego, diremos, manifiesta en sus rasgos radicales la determinación que el animal humano recibe del orden simbólico[…]El hombre literalmente consagra su tiempo a desplegar la alternativa estructural en que la presencia y la ausencia toman una de la otra su llamado. Es en el momento de su conjunción esencial, y por decirlo así en el punto cero del deseo, donde el objeto humano cae bajo el efecto de la captura, que, anulando su propiedad natural, lo somete desde ese momento a las condiciones del símbolo. (Lacan J, 1971, pág. 40)

Un tremendo salto da Lacan. Son esas articulaciones que construye a partir de lo que va encontrando en Freud, para quien con el ejemplo lo que explicaba era un logro cultural, la renuncia a la satisfacción pulsional de admitir sin protestas la partida de la madre y una forma de tramitar el placer y el displacer. Lacan lo convertirá en un logro de mayor envergadura, allí donde se separan naturaleza y cultura, como dice en el seminario 4: Sin lugar a dudas el orden simbólico, como distinto de lo real, entra en lo real como la reja de un arado e introduce en él una dimensión original. (Lacan J. , 1994, pág. 239)

 Y en la carta robada:

Hay tan sólo aquí una vislumbre iluminante de la entrada del individuo en un orden cuya masa lo sostiene y lo acoge bajo la forma del lenguaje, y sobreimprime en la diacronía como en la sincronía la determinación del significante a la del significado. (Lacan J, 1971, pág. 40)

Se entiende ese fooort de Freud y su Da de otra manera, y otra manera más complicada aún, porque, además, va a decir Lacan que ese asunto no va de la mano de la experiencia. Ahí es donde el desespero ahonda, donde provoca voltear la página y abandonar, pero no, como la lata de sardinas, nos mira. No es que uno elija.

Y ya entrado en gastos, toca seguir tomado por sus frases, matemas y seducciones, como cuando en el seminario 4 para explicar los efectos de lo simbólico, nos cuenta de su visita al zoológico y su aparente sorpresa de ver a un león y dos leonas muy tranquilos, echados compartiendo jaula. Una forma de, al contrario de Freud, que trata al lector con gran consideración y explica hasta en sus últimos vericuetos el concepto, este lo tira como una bomba diciendo: es que no saben contar hasta tres. De eso se trata el significante en lo real, y dice además: y precisamente porque[…]el hombre sabe contar, se produce en última instancia lo que llamamos un conflicto. (Lacan J. , 1994, pág. 239)

Forma jocosa de abordar lo más grave del ser humano.

Y, sabemos desde los inicios y como un estribillo esas frases princeps de su marco conceptual, que el sujeto es un significante para otro significante, que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, que la banda de Moebius nos representa un interior y un exterior que nos engaña, que lo simbólico, real e imaginario están unidos de tal manera que se pueden soltar si se corta uno.

Y que el significante es necio, como la sonrisa de un ángel. (Lacan J. , Aún, 1972, pág. 20)

Y lo explica, necedad porque no es portador de ningún mensaje, por eso puede encarnar cualquiera. Lo que me hace pensar en las siglas de hoy LGTBIQ que sin ninguna relación con la sexualidad terminan teñidas de ella, como la borla de nuestro recién casado.

Saltos de garrocha que da Lacan para remontar lo dicho por Freud. También en lo referente al Edipo cuando separa la triada madre, padre, hijo en madre, hijo y falo y su cuarto término El Nombre del Padre, y preguntarse en el seminario cuatro: ¿En qué momento es capaz el niño de advertir que eso que la madre desea en él,  lo que satura y satisface con él, es su propia imagen fálica? (Lacan J. , 1994, pág. 59)

Acaso esto no nos recuerda algo que Freud había abordado en su Introducción al Narcisismo cuando dice:

El amor parental, tan conmovedor y tan infantil en el fondo, no es más que una resurrección del narcisismo de los padres, que revela evidentemente su antigua naturaleza en esta transformación en amor objetal. (Freud, Folio/Views)

Un Edipo que para lacan se va a resolver también a partir de la pérdida, pero no por el tener sino por el ser. O, no es de eso que se trata en el momento que Lacan plantea de la advertencia del niño de ser esa imagen que el otro desea en él, ¿lo que le permitirá desprenderse?

Ya no es con Freud el temor a perder el pene, o digamos falo, o la envidia de él, es la angustia de serlo, de quedar capturado llenando una falta que intuye en el otro, que además creía completo.

Y es por este sesgo que Lacan irá ampliando un tema que en Freud también es primordial: el deseo.

Freud en la carta 105 de la correspondencia con Fliess de 1899 dice:

Respecto del sueño, basta que sea el cumplimiento de deseo del pensamiento reprimido […] Un síntoma se genera allí donde el pensamiento reprimido y el represor pueden conjugarse en un cumplimiento de deseo. Mucho más tarde en 1937 en La religión y el monoteísmo dirá: En el mecanismo de una formación delirante solo destacamos por lo común dos factores: el extrañamiento respecto de la realidad […] y el influjo del cumplimiento de deseo. (Freud, Folio/Views)

Del cumplimiento de deseo nos habla Freud, de un deseo inconsciente.  Lacan dirá del deseo del Otro, pero el Otro también es el inconsciente, es el lenguaje, es la cultura, es la madre, nombrarlo así abrirá unos rumbos insospechados, una forma de adentrarnos en la complejidad humana y sus laberintos. Otro que tiene un residuo, un pequeño a, un objeto de deseo que Lacan nos dirá que comanda y que, como derivado de la operación de la castración, representada en una división matemática, no su producto, pero sí su resto construirá el fantasma.

En 1958, en su seminario Las formaciones del inconsciente, lo dice así.

El objeto como tal, el objeto a, si Uds. quieren, del grafo, es como tal el deseo del Otro en tanto yo diré, alcanza si el término tiene sentido, al conocimiento de un sujeto inconsciente. […} Es lo que esto quiere decir. Es que el deseo no tiene otro objeto que el significante de su reconocimiento. (Lacan J. , 2015)

Y en otro apartado:

Esto es lo que se escribe así: S (A/) [A tachada].  Esto les muestra que en cuanto a su deseo, en suma, el hombre no está en lo cierto, ya que sea un poco o mucho el coraje que él ponga en esto, la situación se le escapa radicalmente. (Lacan J. , 2015, pág. 38)

En esto, creo, Freud estaba claro cuando nos trata de explicar cómo se yerra cuando se quiere llegar a algo, esa forma superpuesta que somos, que se evidencia  en nuestros actos fallidos, actos que triunfan, palabras que confiesan. (Lacan J. , 1981, pág. 120)

Objeto a, en lo que Lacan dará forma a lo que Freud nunca llamó estadios, solo describió las relaciones de los primeros tiempos, que, en forma de seno, voz, heces, mirada, aprenderemos a distinguir, y el Falo, que también adquirirá connotaciones mucho más allá de lo que un Freud de 1923, preveía cuando escribe en el Yo y el ello:

El carácter principal de esta «organización genital infantil» es, al mismo tiempo, su diferencia respecto de la organización genital definitiva del adulto. Reside en que, para ambos sexos, sólo desempeña un papel un genital, el masculino. Por tanto, no hay un primado genital, sino un primado del falo. (Freud, Folio/Views)

Aquí Lacan dará otro salto, que considero, incluye más allá de ambos sexos, por la intuición que ya tenía cuando en 1972 en el seminario Ou Pire. El saber del psicoanalista, dice:

Para que algo tenga sentido, en el estado actual del pensamiento, es triste decirlo, pero tiene que ser planteado como normal. Sin duda es por eso que André Gide quería que la homosexualidad fuese normal; y como quizás hayan podido apreciarlo, en este sentido, hay un montón: en un dos por tres, eso va a caer bajo la égida de lo normal, a tal punto que tendremos nuevos clientes en psicoanálisis que vendrán a decirnos: “¡Vengo a verlo porque no mariconeo normalmente!”. ¡Se va a volver un embotellamiento! (Lacan J. , 2012, pág. 69)

Entendible entonces que, en 1973 en el seminario Aun aparezcan sus fórmulas de la sexuación en las cuales caben todos, en una división en función del deseo y que por efectos de la lógica pueden ubicarse sin tener que ser normales, pero sí libres de prejuicios, moralismos o dogmas.

Entonces, allí donde Freud dice: Reside en que, para ambos sexos, con las fórmulas residirán para todos, LGTBIQ y los que se puedan anexar, porque estarán de un lado: los que se dicen hombres, todos en relación al falo y del otro: las que se dicen mujeres, no todo en relación al falo. Ya André Gide puede estar tranquilo. Hay para todo, si es en relación al falo.

Y avanza Lacan y cada uno de nosotros, como los perros de Acteón, a su saga.

Y avanza más allá de Freud con respecto a otra de sus preocupaciones, aquella de: ¿qué quiere una mujer?, de la que también había dicho que no tenía límites y escribió todo un ensayo sobre la sexualidad femenina. Lacan no solo no la va a descuidar, sino que va a decir: que no existe. Vuelven las ganas de querer abandonarlo y no precisamente por feminista, sino por lo escabroso de su propuesta, hay que hilar muy fino, embarcarse en la lógica, que él resume así: ¿Qué es la lógica sino  esa paradoja absolutamente fabulosa que solo permite a lo escrito tomar la verdad como referencia? (Lacan J. , 2009, pág. 68)

Y podemos entender: ¿cómo de un goce indecible decir su verdad? De lo que no hay significante que lo nombre, del desconocimiento, del no saber, ¿cómo escribirlo? Freud no estaba tan lejos, aunque sin la lógica, cuando nombró lo referente a la mujer como continente negro.

Lacan va a decir también que otra cosa no existe: la relación sexual, y se adelanta, aquí si al estilo de Freud, interpretando lo que puede pensar el interlocutor al que se dirige, diciendo: Por supuesto, parece así un poco chiflado, un poco disparatado. Alcanzaría con fifar bien un poco para demostrarme lo contrario. (Lacan J. , 2012, pág. 6)

Y explica, esto es en 1971, en Ou Pire:

Porque es verdad que lo real está ahí antes de que lo pensemos, pero la relación es mucho más dudosa: es algo que no solamente hay que pensar sino escribir. […] Pero el goce sexual mismo cuando quieren ponerle la mano encima, si puedo expresarme así, ya no es para nada sexual, se pierde. (Lacan J. , 2012, pág. 6)

¿La topología es una forma de ponerle la mano encima a esas cosas?

Parece, porque es una forma de dar cuerpo a esas palabras que se mueven, a esos actos que nos traicionan, a eso que, en análisis, aparece como un mundo paralelo, de ese que describe Lacan como: una entrada a la que nunca se llega sino cuando se está  cerrando y porque el único medio que se entreabra es llamar desde el interior. (Lacan J. , 1995, pág. 817)

Interior de la botella de Klein, interior y exterior del toro y de la banda de Moebius, nudo borroneo, elementos, que, como los espejos del famoso estadio, nos harán desesperar, querer abandonar y preguntarnos qué hacemos ahí tratando de entender algo que podríamos dejar.

Acerto de certidumbre anticipada que no llega para liberarnos de seguir en el discurso del analista, seguramente porque hacemos parte del cuadro, Lo que es luz me mira […] es ella más bien la que me capta…

Como al sepulturero.

Y me pregunté por qué elegí ese ejemplo. Creo, que es porque la clínica trata de la pérdida, del duelo, del no saber, de no negar la existencia de la muerte, del límite, de la verdad. Es por eso que cuesta tanto quedarse, también irse.

*Trabajo presentado en las jornadas de Miércoles de Psicoanálisis del CPC en el segundo semestre de 2018.

 

 

 

 

REFERENCIAS

 

Freud, S., Estudios sobre la histeria. Folio Views 4.2

Lacan, J., 200. De un discurso que no sea del semblante. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Lacan, J., 2015. El deseo y su interpretación. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Lacan, J., 1995. Escritos 2. Posición del inconsciente. México: Siglo veintiuno editores.

Lacan, J. 1994. La relación de obeto. Buenos Aires: Paidós

Lacan, J. 1981. Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: editorial Paidós.

Lacan, J. 2012. Ou Pire. Charlas en Ste Anne. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Lacan, J. 1989. Los cuatro conceptos fundamentales. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Lacan, J. 2008. La una equivocación. Mexico: Ortega y Ortiz editores.

Lacan, J. 1971. Escritos 1. La carta robada. Mexico: Siglo veintiuno editores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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